Qué Hacer Ante El Imperio de la Barbarie

PENSAR A LA INTEMPERIE

Por: Pablo Eliseo R. Altamirano

 

Apura detener el colapso de la razón, del orden jurídico internacional, del respeto a la soberanía de las naciones, de la justicia, la naturaleza, la vida y la belleza general mancillada a cargo de la estulticia patológica imperial estadounidense, motivada desde la ambición, narcisismo y voracidad desembocada en crimen y decadencia.

Los mayores delincuentes del orbe están sedientos de petróleo, minerales, agua, sangre; bombardean pueblos y territorios de paz, disparan, secuestran, roban; contaminan cuanto alcanzan con su aliento, botas y excreciones. Oscurecen de patrañas la percepción con narrativas maliciosas, llaman dictadores a los gobernantes legítima y democráticamente electos, envilecen y calumnian con farsas narcoterroristas a los dignos defensores de la autodeterminación de los pueblos. Nada en ellos es verdadero, solo la guerra y su hambre colonialista descontrolada.

¿Qué hacer ente el imperio de la barbarie? Actuar, pues como dijo José Saramago, quien vea que se ocupe. No sirve cerrar los ojos, la realidad no evade a los omisos, también los arrastra. Los días de espera no son estos días, los misiles ya están cayendo, invaden los invasores, asaltan los asaltantes, asesinan los asesinos, mienten los mentirosos; todos con el rostro pintado de rayas y estrellas.

 

Actuar hoy para que mañana haya un mañana. Pero cómo hacerlo desde nuestra finitud, desde nuestra fragilidad y limitado alcance de influencia.  Es fácil para los ciudadanos de a pie vernos impedidos ante el poderío del imperio del horror, sentirnos ínfimos sin posibilidades de acción. No es así, justo en la aparente nimiedad de los que integramos abrumadoramente la amplia mayoría del todo, es dónde se acuna y subyace la más auténtica, fuerte y poderosa respuesta al soez individualismo capitalista, en su peor y más degradad etapa neoliberal.

No somos “los nadie” que se han empeñado en hacernos creer, esos “nadie” descritos por Eduardo Galeano al denunciar la mirada yanqui. Somos, en unidad, la posibilidad más real de contención y vencimiento de la naturaleza estadounidense, hoy liberada de máscaras descubre con total cinismo la desnuda aberración de su miseria. Quien si no una potencia de la vileza es capaz de secuestrar al presidente constitucional de un pueblo.

La infamia debe terminar, pero no ocurrirá por sí sola, debemos actuar hasta su debilitamiento y desaparición. Con qué armas dirán muchos, con qué tecnología militar, ellos tienen ojivas nucleares. No solo de pan vive el hombre, se dijo. Lorca pedía medio pan y un libro cuando tenía hambre. El mundo es más que la suma de las partes, dijo Aristóteles, y site séptimos forman un entero, pero jamás una unidad. Es decir, no únicamente con ejércitos vamos a parar la belicosidad supremacista, y las alianzas no deben pedirse nada más a los lideres de Estado.

Debemos implementar acciones no armadas que desarmen, aprender a constituir estructuras populares en armonía con el Estado y gobierno cuando éste responde a las necesidades de soberanía y desarrollo nacional. Queremos unidad de los hermanos pueblos latinoamericanos y está bien, es más: urge, pero debemos solicitarla sin olvidar que ésta ha de sustentarse desde la organización vecinal en barrios, colonias, comunidades, pueblos, gremios, centros de trabajo, etc.

Precisa revertir el engaño imperial fundado en el hedonismo nihilista desquiciante de plutócratas, a través del cual han pulverizado la cohesión humana. Esto es, la falaz idea de horizontalismo que ha servido para destruir la formación de cuerpos sociales que organizan la iniciativa y voluntad colectiva. Mediante argucias academicistas e intelectualoides introdujeron en la noosfera disparates para denostar la idea de líder y liderazgos, refiriendo que son nocivos para la lucha contra el abuso y  la injusticia. Así se ha ido diciendo no a la organización, no a los partidos e incluso no a las instituciones. Resulta obvio, sin líderes, ellos (los emperadores de hoy), se erigen libres de oposición como los únicos que dan cauce al mundo, y sin instituciones quedan al margen de ataduras jurídicas. El verdadero fin es acabar con la legalidad y pulverizar todo intento de reacción organizada.

Salgamos de la trampa, desoigamos las voces que niegan los liderazgos y en su lugar construyamos muchos, en todas partes deben emerger líderes con ideas claras y convicciones firmes, en cada cuadra, en cada casa, en cada persona. Líderes que contagian, defienden. Líderes que no se doblegan, que saben estar al frente y en la retaguardia, que tiran y empujan. Líderes que aceptan y se sitúan con disciplina y pasión templada en las diversas posiciones asignadas. Liderazgos con responsabilidades bien definidas, sin superioridad arbitraria. Líderes dispuestos unos junto a otros, unos tras otros, unos delante de otros, líderes en todas partes; de tal forma que ni siquiera quepa la idea ni posibilidad de dejar a un pueblo sin líder.

Como puede verse este no es un análisis geoestratégico que sugiera acciones a los líderes que comandan las fuerzas nacionales de los diferentes países ante la deleznable violación del derecho internacional, como ha ocurrido contra la soberanía del pueblo venezolano. La propuesta es simple, aunque no fácil, al alcance de todos: constituirnos como pueblo en unidad, mediante la experimentación de diversas formas de organización, formación y consolidación masiva de liderazgos. América Latina unida debe significar latinoamericanos organizados.

 

Pablo Eliseo R. Altamirano

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