PENSAR A LA INTEMPERIE
Pablo Eliseo R. Altamirano
“Puedo hacer lo que quiera con Cuba”, dijo Trump el pasado lunes 17 de marzo, apenas unos días después de que entre risas hablara de lo divertido que es para su ejército hacer la guerra, la cual describe como una excursión. Así califica la muerte de más de un centenar de niñas asesinadas, los bombardeos y todo el horror causado. Ese es el verdadero rostro del imperialismo norteamericano.
Se han quitado el velo, ahora se muestran en plenitud, es como ver el alma de Dorian Grey en su retrato, cuando Oscar Wilde exhibe la maldad operando debajo de encantadoras apariencias. Bien nos advirtió Platón en el Fedón, no caigamos en el engaño del aspecto, pues muchas veces muestra lo que quiere que los demás vean y no lo que es. También lo expuso Descartes en la idea del genio maligno, al referir la ficción presente en los engañosos juegos del mundo exterior.
La mentira, desde la más remota antigüedad, ha sido de las armas más eficaces del hurto y la dominación. El texto de Sun Tzu, escrito hace unos dos mil quinientos años, basa el Arte de la Guerra esencialmente en el engaño, recomienda y explica como en toda disputa prevalece el uso de la manipulación perceptiva para sacar ventaja. En esa lógica, un país por antonomasia bélico como Estados Unidos, es un país por antonomasia mentiroso. No obstante, su cinismo, soberbia, desesperación, torpeza y en general vulgaridad los ha llevado a la impudicia de mostrar su miseria civilizatoria ya sin recato.
Los “correctos”, los “moralistas” que juran con la mano en la biblia, en realidad son los amos del embuste, los mayores hipócritas; hoy en escena sin antifaz, su comandante en jefe elegido por la mayoría de ese pueblo, dijo sin tapujos a los cuatro vientos que no le importa el Derecho Internacional, que nada puede detenerlo, sólo su (desquiciada) mente y su (in)moralidad; que si quiere secuestra, invade, roba, asesina o se une a algún club de pedófilos traficantes de mujeres, niñas y hasta bebés. Muy al estilo del sofista Protágoras, cree que él-ellos es-son la medida de todas las cosas.
Para ese tipo de sujetos y sociedad no importa el otro, el semejante; no saben qué es eso, para ellos el resto son cosas que pueden utilizar, vender y comprar, objetos de placer y ganancia. Se conciben como los supremos, como los únicos “valiosos”, fuera de sus intereses nada interesa. Que alguien más sufra, muera, se extinga… es irrelevante.
Volvamos al asedio criminal contra Cuba. Una vez consumado el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959, liderada por Fidel Castro contra el dictador proestadounidense Fulgencio Batista, los habitantes de la isla optaron por un cambio de régimen apartado de la dinámica capitalista y de los intereses recreativos, financieros y militares de Washington, adoptando un modelo de mayor justicia social, distribución de la riqueza y soberanía nacional.
Para EE. UU., naturalmente, esos tres conceptos (justicia social, distribución de la riqueza y soberanía nacional) son inaceptables, como también lo fue sufrir la derrota de su dictador protegido y la pérdida de control del país que en otrora fuera su protectorado. Una vez consumado el triunfo de la revolución, inició de forma inmediata el asedio en 1960, formalizado y recrudecido el 3 de febrero de1962 por su “gran presidente” John F. Kennedy.
Sin embargo, a pesar de que los niveles de agresión a la isla, entre los que se incluyen atentados terroristas como el Crimen de Barbados en 1976, donde murieron 73 personas. Igualmente puede mencionarse la campaña de bombas en hoteles ocurrida durante 1997, cuando generaron diversas explosiones en instalaciones turísticas de la Habana, entre ellas el famoso Hotel Copacabana. También se cuentan intentos de invasión como la de Bahía de Cochinos en 1961. Y no pueden pasarse por alto los centenares de atentados contra Fidel Castro, se habla de más de 600. Con todo y que el acoso ha sido incesante por más de sesenta años, hoy el bloqueo ha escalado a niveles genocidas.
El imperio, con el afán de asfixiar a Cuba para generar caos y conducirla a un cambio de régimen alineado a sus intereses, ha acentuado como nunca el embargo, ahora con el bloqueo energético. Esta medida infame ha precarizado la cotidianidad, escasean los alimentos, medicinas, combustibles, energía eléctrica, agua, etc. La esperanza de vida de niños con cáncer se ha reducido, así como la de personas con enfermedades o necesidades quirúrgicas y tratamientos especiales. Miles de cirugías se han aplazado y se reportan decenas de miles de mujeres embarazadas en riesgo. Además, se ven afectados los sistemas de riego para el cultivo de alimentos, de refrigeración, de transporte, de iluminación y mucho más.
La presión ejercida es mucha, quieren llevar a la sociedad al punto de la desesperación, romperla a fuerza de hambre, enfermedad y muerte; hacer insoportable la incomodidad, el dolor y sufrimiento del pueblo para que se levante contra su gobierno y renuncien a la revolución, a su propia autodeterminación.
Aun así, los yanquis hablan de gobierno fallido, al referirse a la isla. No tienen ni combustible, dicen. El cinismo con que se manejan es inaudito. Trump dijo en días recientes que la situación de Cuba ahora mismo es un riesgo humanitario, sabiendo que ese riesgo es provocado deliberada y alevosamente por ellos.
Tras las capas de mentiras, el imperio desborda vileza contra Cuba. No obstante, el pueblo isleño se mantiene en pie, ha demostrado que la dignidad y la verdad son más fuertes que toda la maldad de la cual son destinatarios, que todos los intentos por destruirlos y romper la solidaridad del mundo para con ellos han sido insuficientes ante la fortaleza de su espíritu.
Cuba es y seguirá siendo un faro de esperanza para el mundo contra la infamia imperial.


