La naturaleza de la guerra en Irán

PENSAR A LA INTEMPERIE

Pablo Eliseo R. Altamirano

Los misiles de Estados Unidos e Israel lanzados contra Irán, en realidad apuntan a China. Nada tiene que ver la supuesta desarticulación de un plan nuclear iraní. Igualmente, falaz es la supuesta transición hacia un régimen de gobierno democrático, según ellos basado en el “respeto a los derechos humanos”. Tampoco, y mucho menos, se trata de responder a la paranoica amenaza de seguridad de la región islámica, de Europa, de EE. UU. y del mundo. La real y latente amenaza sobre la humanidad es el imperialismo yanqui.

El país con la más alta inversión militar del mundo, que se mantiene en guerra permanente con un país o con otro, especialista en intervencionismo y la imposición de embargos comerciales y sanciones económicas a los países que no ceden a sus caprichos; el mismo que posee uno de los mayores arsenales nucleares del mundo y más de 700 bases e instalaciones militares distribuidas en casi un centenar de naciones y territorios en los cinco continentes, abarcando la mayoría de las regiones del orbe: dice sentirse amenazado por pueblos que están rodeados de aliados del enemigo equipados con cañones,  misiles, portaviones, sistemas integrados de defensa área, etc. ¿Quién amenaza a quién? Eso es cinismo al grado de lo ridículo.

El imperio de los “ataques preventivos” que desatan guerras “para evitarlas” y se cree guardián de la paz del mundo arrojando bombas, está absorto en el delirio de establecer en cada rincón del planeta un punto estratégico de seguridad nacional estadounidense. Por ejemplo, en Europa tienen tropas en Alemania, Italia, Reino Unido, Bélgica, Grecia, Noruega, Turquía, etc.  En Oriente Medio y el norte de África se han establecido en Catar, Barein, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Siria, Arabia Saudita, entre otros. Igual ocurre en Asia, ahí los vemos en Japón, Corea del sur, Filipinas… En Oceanía están en Australia y en América Latina en Honduras, El Salvador, Puerto Rico y muchos más. No importa que tan lejos pueda estar una nación, pueblo, comunidad o tribu; si no está bajo su dominio, si dice no a sus ambiciones se vuelve un peligro inminente que debe ser eliminado.

El imperio “bueno”, por antonomasia capitalista y lo que eso significa, el mismo que a su Departamento de Seguridad le llaman Departamento de Guerra, cuya economía gira en torno a la industria armamentística y su uso, a la mentira, el hurto, la devastación, la violación de leyes nacionales e internacionales y en general de la irracionalidad; dicen combatir el terrorismo atacando escuelas de niñas y hospitales, provocando hambrunas y otras calamidades. Son ellos los mayores terroristas.

Es evidente que tras las agresiones y crímenes de los creadores del “sueño americano” (pesadilla del mundo) nada tienen que ver la paz, el desarme nuclear, la captura de los “hombres malos” y ninguna de todas las patrañas que utilizan para justificarse. La única y verdadera razón se llama hegemonía unipolar.

Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos inició una carrera por convertirse en la superpotencia capaz de dominar el orden político, militar, económico y cultural sin resistencia ni contrapesos en todo el planeta. Ahí se encuentra la naturaleza de la Guerra Fría y ahí mismo se explica la actual guerra con Irán y la intervención recientemente cometida contra Venezuela.

Después de la caída de Unión Soviética en 1991 creyeron finalmente haber logrado el tan anhelado dominio mundial sin oposición. Incluso el politólogo estadounidense Francis Fukuyama habló del fin de la historia, para decir que ya no habría más confrontaciones, que ya no habría más tensión política, pues las fuerzas antagónicas capaces de oponerse habían sucumbido. El dólar se consolidó como divisa única del comercio internacional y la visión del mundo, de la vida y de la existencia se dictó desde Washington. Pero Fukuyama se equivocó, el fin de la historia duró muy poco.

Pronto el sueño unipolar estadounidense se empezó a desvanecer, apenas en la primera década de los 2000 China emergió como superpotencia económica y tecnológica, convirtiéndose en fuerte competidor de Estados Unidos, pero ocurre que EE. UU. no sabe competir, sólo dominar. De igual forma Rusia se reposicionó como potencia nuclear y militar. Seguido de esto, en 2006 surgen los BRICS (bloque de economías emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Ahora ya se han integrado más países, entre ellos Irán). Actualmente esta alianza geopolítica y económica representa más del 40% del PIB mundial, más del 30% aproximado del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido). Esto modificó el mapa geopolítico, los pesos y contrapesos, al igual que los centros de poder. El mundo fue transitando de la unipolaridad a la multipolaridad.

Entre las consecuencias de mayor impacto que trajo el reacomodo económico-político-militar fue el uso de divisas distintas al dólar para comerciar entre países, impulsado principalmente por las sanciones comerciales impuestas por el imperio yanqui, particularmente a Venezuela. Este país, al ver restringido el uso de la moneda norteamericana, inició la comercialización en yuanes, lo cual abrió una vía para el empleo de divisas alternas, en las que también se incluye el rublo.

A este fenómeno se le conoce como despetrolización del dólar, y significa un duro golpe a la economía de los vecinos del norte. Ahí es donde se encuentra la verdadera razón de la guerra estallada el 28 de febrero pasado, pues Irán vende mucho del petróleo que consume China, usando el yuan y no el dólar, igual que lo hacia Venezuela. Por lo tanto, el objetivo real es estropear el suministro de combustible a China, su principal competidor, para así intentar detener su crecimiento y tratar de recuperar la hegemonía del dólar.

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