PENSAR A LA INTEMPERIE

Conciencia ¿Qué es y quiénes son conscientes?

Pablo R. Altamirano

Si puedes mirar, ve. Si puedes ver, repara, dijo José Saramago. Quien repara se ocupa y el que se ocupa se hace responsable. Ver no es lo más difícil, ocuparse exige mayor esfuerzo, pero responsabilizarse, además implica riesgo. Por eso, muchas veces tantos prefieren voltear la mirada, cerrar los ojos, no enterarse; así hay excusa para no proceder y evitar cargar las consecuencias de los actos. Dejar que todo siga su curso, no intervenir. ¿Por qué responsabilizarse del mundo? Quizá porque somos parte de él.

Ver, en el caso del ser humano, implica distinguir cosas, esto es identificar formas, funciones, relaciones, posiciones, dimensiones, cantidades, rutinas, momentos, direcciones, necesidades, afectos y más. Identificar quiere decir entificar todo aquello que se percibe, esto es nombrarlo, definirlo, señalarlo, representarlo mental y simbólicamente.

Ver, en sentido humano, es una operación sensible-intelectiva a la cual se le conoce como percibir. Este percibir lleva incluida la comprensión de aquello que se percibe, involucra la facultad racional, no se limita a lo únicamente sensorial. La percepción se halla mediada por la cultura, por la noosfera de la que nos habla el filósofo francés Edgar Morin, por los intereses, deseos, necesidades…

El ser humano ve a partir de que va estructurando el mundo con el lenguaje, va nombrando lo que está y lo que ocurre a su rededor. Ve a partir de que conoce, es decir, a partir de que adquiere conciencia. No es que antes no sea sensible a la luz, los sonidos, el tacto, el gusto… pero no tiene conciencia de las cosas que lo circundan, no asocia lo que su aparato receptor le brinda con lo que cada ente es. Por ejemplo, quien no tiene conciencia (conocimiento) de un tren y sus formas de manifestarse, cuando a la distancia silba podrá oírlo, recibir el sonido, pero no escuchar un tren. Sólo quien está consciente de lo que es podrá asociarlo y saber que se trata de un tren, imaginarlo, representarlo, nombrarlo. Sólo él, el que conoce puede ver, el resto mira, oye, toca, pero no percibe, no ve.

Así pues, ver es percibir y percibir es estar consciente. Estar consciente obliga conocer y distinguir la diversidad a través de la cual se nos presenta la realidad. Quien no distingue no ve y quien no ve vive en la oscuridad, aun cuando su aparato ocular goce de perfecta salud.  Mira sin ver, como quien padece una especie de ceguera blanca, otra vez aludiendo a Saramago. Los que miran sin ver, podemos decir que padecen de ceguera cognitiva.

Ve quien está consciente y está consciente quien se halla despierto, sólo los despiertos, rezaba Heráclito, acceden a la verdad, mientras los demás viven en el error. Para los que han despertado, abundaba el presocrático de Éfeso, hay un solo y mismo mundo, en tanto que ven las mismas cosas. Ver el mismo mundo permite dialogar, generar consensos, colaborar, diseñar leyes, trazar direcciones y seguirlas. En cambio, los que duermen, decía, permanecen envueltos en su propio mundo, encerrados ahí, con la visión apagada; inconscientes, hasta que por fin puedan volver en sí, despertar, recobrar la conciencia; en palabras de Platón, salir de la caverna.

Despertar, volver en sí, recobrar la conciencia: ver; también es recordar. No es extraño que para los mayores y las generaciones que ya se han ido usaran la expresión “recordar” para referir el acto de despertar. Recuerdo a mi padre y a mi abuelo decir “me recordé” a tal hora o preguntar “a qué hora te recordaste”. Tenían muy claro que despertar es recordar, reconocer. ¿Recordar qué? ¿Reconocer qué? Lo que son las cosas, lo que es uno mismo, cómo se llaman, dónde están, etc. Por ello, como un ejemplo más, cuando alguien se desmaya o queda en coma o simplemente pierde el conocimiento, al volver en sí, lo que se hace es preguntar para percatarse si recuerda, para ver si verdaderamente ha despertado; se pregunta si recuerda su nombre, su edad, el día, mes y año presente, si reconoce el lugar, etc. Si así ocurre, entonces sabemos que percibe, que realmente ha vuelto, que está consciente y por lo tanto ve, reconoce.

Platón también liga la conciencia al recuerdo, cuando habla de su conocida teoría de las ideas, particularmente al exponer la tesis de la reminiscencia, en el Fedón, donde arguye que el conocimiento se da mediante el proceso de traer a la memoria lo que ya se conoce. Conocer para él es un reconocer, recordar lo ya conocido. San Agustín, en sus célebres Confesiones, reflexiona en la misma dirección cuando explica que reconocemos a Dios porque ya lo conocíamos, sólo que nuestra alma al alejarse de él lo olvida y quien olvida deja de ver, cae en la oscuridad. Ejemplo de esto son las personas que padecen enfermedades como el Alzheimer, ya no reconocen, pierden conciencia del mundo.

La conciencia permite ver a través del reconocer, reconocer lo correcto y distinguirlo de lo incorrecto, reconocer y distinguir el bien del mal, reconocer los sentimientos propios y los de los semejantes, las ideas que prevalecen en uno y en los demás, la dirección y avance recorrido, la posición e interacción de todo lo circundante. Estar consciente implica mirarse a sí mismo, es decir estudiarse, conocerse y reconocerse en el acto de existir con todo lo existente. Es saber ver y saber que vemos; es decir, verse viendo.

La conciencia, en ese sentido, le es propia al auténtico homo sapiens sapiens, al humano que sabe que sabe. No basta saber, también hay que saberse; conocer y conocerse. Exige metacognición, la permanente realización de juicios de conciencia.

Eso es estar consciente, ver. Y sólo quien ve bajo la luz de la conciencia puede reparar, puede conducirse en dirección a la verdad, responder a las necesidades. El resto van como dormidos, a ciegas dando tumbos, reaccionado, adoptando comportamientos y no conductas, extraviados en la oscuridad que no les permite distinguir ni reconocer la vida que viven. Esa es la primera razón por la que muchos no se ocupan en reparar. Otras son los vicios o debilidades, como la pereza, la comodidad y los miedos. No obstante, el primer paso es hacerse de conciencia.

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