PENSAR A LA INTEMPERIE
Pablo Eliseo R. Altamirano
Una forma habitual de distinguir las posiciones de izquierda y derecha, además de los registros de igualdad y desigualdad, se explica en la inclinación antiimperialista o proimperialista. Los primeros apuestan por un mundo multipolar, diverso, integrado por naciones soberanas, relacionadas sin subordinación ni injerencismo. Distinto ocurre con los partidarios del imperialismo, los del bloque de derecha, para ellos es ideal la unipolaridad, la servidumbre, el intervencionismo, la monopolización, la dependencia asimétrica de las naciones, el expansionismo, la jefatura de unos pocos sobre la totalidad de la población mundial.
El imperialismo converge y se refleja en el comportamiento abusivo e intransigente de la derecha, mientras, como es natural, la izquierda se opone al vasallaje. Sin embargo, continuando con nuestra mirada ontológica, después de sondear las concepciones de la persona, entendida como sujeto o como individuo y la forma de colocarse en el mundo, ya sea como parte del lugar-mundo o como residente de una localidad, ahora exploramos causalidades de estas conductas antagónicas acercándonos a la idea de necesidad e interés.
Las actitudes de las personas tienen asiento antológico en concepciones que las sustentan y proyectan a la vez. Las ideas filtran las formas de percibir, imaginar y actuar. Por esa razón, es imperativo explorar los pensamientos que dan pie a las inclinaciones de izquierda y derecha. Cuando se mal piensa por tomar ideas distintas como iguales, por no categorizar debidamente el grado de prioridad, por sustituirlas o marginarlas es fácil tomar direcciones equivocadas, diversificadas o contrarias al sentido de ser que como humanos tenemos destinado.
La tergiversación semántica de las palabras por falta de cuestionamiento, por pereza reflexiva o por falta de hábito es más frecuente de lo imaginado. Resulta común confundir, agregar o restar extensión de significado a los términos, ejemplo de ello son la necesidad e el interés.
La necesidad está vinculada a la falta, a lo que complementa algún aspecto o dimensión del sujeto. Llama a satisfacerse los vacíos y lograr la plenitud, aunque ésta sea parcial o momentánea. Su llamado mantiene el flujo, la interacción, el ajuste de los desequilibrios, mueve para calmar la sensación de falta. La necesidad origina el impulso de encuentro, la acción necesaria que garantiza la existencia.
La necesidad cubierta en medida exacta se traduce en justicia. Por consecuencia, atender las necesidades significa actuar en correspondencia con el bien estar, el diálogo, el intercambio, la complementariedad mutua, la plenitud, la vida, la regeneración. El sujeto que es agente del cumplimiento de la necesidad, por sus implicaciones, se caracteriza dentro del proceder de las personas denominadas de izquierda.
La necesidad mueve a la dependencia con todo el rededor, a fundirse en armonía con él. Mira hacia lo común, al todo que sostiene cada ente particular incompleto. Por su parte, el interés, lejos de inclinarse hacia la vinculación con el entorno, entre tiene al ser.
Interés se desglosa: inter (prefijo entre) esse (ser o existir), “tener al ser entre” o “entretener la existencia”. ¿Tener entre qué? Entre la subjetividad formada por las huellas mnémicas (rastros de memoria) derivadas de las sensaciones que deja el cumplimiento de las necesidades. Esto es el gusto y desagrado, placer y sufrimiento, lo que atrae y lo que repele. Así pues, el interés retiene la existencia en la repetición de las experiencias gozosas e ignora la importancia de lo necesario.
El interés rehúye de la experiencia incómoda, poco apetitosa, ardua; aunque sea saludable. Fija el deseo en el placer, el confort, la vanidad. Quiere reforzar las experiencias agradables, permanecer en éxtasis. Todo lo que sea por tratar de prolongar y recuperar los estados de felicidad. Genera conductas egoístas, intolerantes, utilitarias, violentas, injustas; debilita la voluntad, el sentido de lo que es bueno, correcto o sano. Todas ellas características de la persona de derecha.
No extraña observar en la narrativa cotidiana la sustitución de necesidad por interés, lo cual resulta muy conveniente dentro de un sistema capitalista, que aun cuando hay fuerzas que lo resisten, la discursividad general está dictada por las élites a cargo del diseño del mundo. Un ejemplo paradigmático de la hegemonía discursiva de derecha, lo vemos en la enfática frase jurídica: “el interés superior de la niñez”.
Desde las perspectivas del interés se transitó a modelos psuedo-pedagógicos que hablan de la educación basada en el interés del alumnado; no en sus necesidades formativas, no en el desarrollo de aptitudes, actitudes, hábitos, virtudes, etc., no. La idea es engancharlos, tenerlos entre lo que les genera sensaciones agradables. Los resultados están ahí: intolerancia a la frustración, mínima resistencia al esfuerzo, pérdida de sentido de la responsabilidad, fragilidad de carácter, reacciones desarticuladas, fácil cooptación y dominio.
La cuestión de un sistema que enfatiza el interés sobre la necesidad, es decir de un régimen dominado por la derecha, es identificar las improntas más remarcadas en la subjetividad, para enganchar, situar o bien condicionar al sujeto. Este fenómeno se presenta en todos los ámbitos. Por ejemplo, en el laboral se estudian los intereses de los “empleados”, para vincularlos a los intereses del empleador. Así también lo vemos en el lugar de lo político, lo académico, lo artístico, etc.
¿Y las necesidades dónde quedan? Para el modelo civilizatorio emanado de la modernidad, hoy en su fase capitalista, son irrelevantes. Incluso en nuestro tiempo se habla de crear necesidades. Pero las necesidades no se crean, existen o no, lo que se crean son intereses con apariencia de necesidades.
Así pues, tener en la enunciación el interés al margen de la necesidad, coloca al enunciante en la inercia conductual de un sujeto de derecha.
Desde esta perspectiva, actuar en congruencia con la izquierda exige direccionar las conductas para dar respuesta a las necesidades que nos interpelan. El interés debe estar supeditado a la necesidad, nunca colocarlo en su lugar o por encima de ella.


